Los asesinatos políticos en la Guerra Fría
Las víctimas de la era histórica entre 1945 y 1989 incluyeron a las víctimas de asesinatos, públicos y extrajudiciales, y de ejecuciones por el Estado. Fred Halliday hace un recuento de los incidentes que marcaron esa época y que siguen teniendo repercusiones en la nuestra.
Fred Halliday*
Investigador sobre el Medio Oriente y profesor de Relaciones Internacionales en London School of Economics. Habla seis idiomas y es autor de varios libros, entre ellos The Middle East in International Relations: Power, Politics and Ideology (2005) y 100 Myths about the Middle East (2005).
Los recientes disturbios en Jartum, por motivo de la muerte en un accidente de helicóptero de John Garang, el veterano líder del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (Elps), y que acababa de ser nombrado vicepresidente de ese país tras el acuerdo de paz de enero de 2005, pone de relieve uno de los problemas recurrentes de la política global: la creencia de que cualesquiera sean las evidencias, ninguna muerte de una figura política, en un avión, un automóvil o como resultado de "causas naturales", puede ser accidental.
El gobierno de Sudán, recientemente comprometido en una coalición con la antigua guerrilla opositora de Garang en el sur, ha prometido hacer una investigación independiente, pero dadas las pasiones políticas y las sospechas en torno a su muerte, son pocos los que creen que esto va a resolver el asunto. Pero los sudaneses no son los únicos: la muerte de Yasser Arafat en un hospital parisino, por causas todavía no muy claras, ha llevado a muchos en el mundo árabe a creer que fue envenenado por los israelíes.
Cuando el rey Faisal de Arabia Saudita murió apuñalado por un joven pariente enajenado en 1975, el mundo árabe se llenó de teorías de conspiración: los "rusos", los "norteamericanos", todo el mundo parecía estar implicado.
Después del que tal vez fue el asesinato más sonado de todo el siglo XX, el del presidente John F. Kennedy en Dallas en noviembre de 1963, se formó una gran industria de mitos, conspiraciones e insinuaciones, desde el trabajo del abogado Mark Lane (un incansable defensor de teorías alternativas en torno al depósito de libros y los montículos de pasto), hasta la más reciente película de Oliver Stone, JFK. Un servicio telefónico gratis llamado dialaconspiracy produjo incluso una versión diaria diferente de una red sin cabos tos que involucraba a JFK, su hermano Bobby, Marilyn Monroe y un elenco de miles y miles.
Esta adicción a las conspiraciones sirve de fondo y de advertencia para evaluar un tema sobre el que recientes investigaciones han lanzado nueva luz: el papel del asesinato político durante la Guerra Fría.
La Guerra Fría duró más de 40 años, desde finales de la década del cuarenta hasta el colapso del comunismo centroeuropeo entre 1989 y 1991. Durante este periodo, Europa estuvo relativamente en paz (con excepción de la guerra civil griega y de algunas intermitentes campañas terroristas); pero en otras partes del mundo, más de 20 millones de personas murieron en múltiples conflictos en lo que fue conocido durante la mayor parte del periodo como el "tercer mundo". En Corea y Vietnam, en Afganistán y Guatemala, en Angola y Nicaragua, en Camboya e Irán, la Guerra Fría recogió una devastadora cosecha.
Pero entre las zonas libres de violencia y los campos de muerte, la Guerra Fría generó otra clase de violencia: los asesinatos, públicos y extrajudiciales, y las ejecuciones (el tema de los intentos de asesinato -se dice que la CIA inició cerca de 20 operaciones diferentes contra Fidel Castro, a principios de los años sesenta- requeriría otro artículo). Ciertas revelaciones de la última década plantean nuevas preguntas sobre el alcance y la naturaleza de esta clase de violencia, y el legado que le dejó al mundo sumido ahora en un nuevo conflicto global.

La histeria conspiratoria se extendió hasta Asia y África con la muerte de prominentes líderes políticos como el rey Faisal, asesinado en 1975.
Un campo de muerte

La historia moderna está llena de asesinatos que han tenido un impacto dramático en algunas políticas nacionales e internacionales:
- El asesinato por anarquistas de Alejandro II en 1881 desencadenó la represión y el antisemitismo en el imperio ruso.

- La muerte a tiros del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo en junio de 1914 provocó la "gran guerra" que ahogó a Europa en un mar de sangre y que inició lo que Eric Hobsbawm llamó "el siglo XX corto".

- El asesinato del político liberal colombiano Jorge Eliécer Gaitán en 1948 (un día después de haberse reunido con una delegación de jóvenes hispanoamericanos que incluía a Fidel Castro, entonces de 21 años) fue la causa de una guerra civil -"la violencia"- que aún continúa.

- El derribo a tiros del avión en que viajaban los presidentes de Rwanda y Burundi el 6 de abril de 1994, Juvenal Habyarimana y Cyprien Ntaryamira, precipitó el genocidio de Rwanda.

Estos ejemplos se podrían multiplicar. El principio y el fin de la Guerra Fría en Europa fueron marcados por muertes políticas que tuvieron una pertinencia directa en el enfrentamiento global entre los dos bloques de las superpotencias:

- La muerte del político liberal checo Jan Masaryk en marzo de 1948 al caer de una ventana del palacio de Praga -una defenestración con muchos precedentes en la historia de Checoeslovaquia, y que no ha sido nunca definitivamente resuelta- marcó un paso crucial en la consolidación del gobierno comunista.
- La ejecución judicial del dictador comunista rumano Nicolae Ceasescu y su esposa, el 25 de diciembre de 1989, después de que habían tratado de huir de un levantamiento popular, simbolizó el final del gobierno comunista en buena parte de Europa.

Durante el periodo de la Guerra Fría hubo otros ejemplos de muertes políticas que tuvieron un profundo impacto en las políticas domésticas e internacionales:

- El asesinato del líder congolés nacionalista Patrice Lumumba por un grupo de soldados, en connivencia con la CIA, en 1961.

- El asesinato del cautivo líder guerrillero Ernesto "Che" Guevara en Bolivia, bajo órdenes de la CIA, en 1967.

- La muerte del presidente chileno, Salvador Allende -aparentemente por el suicidio con un revólver que le había regalado Fidel Castro-, en el golpe de Pinochet en septiembre de 1973.

Ninguno de estos incidentes tuvo consecuencias tan trascendentales como los de 1881, 1914 ó 1994, pero revelaron la violencia que la confrontación de las superpotencias sancionó fuera de sus dominios centrales.

Hoy en día, casi 16 años después del final de la Guerra Fría, ¿puede un acervo de nueva información resolver, o al menos ampliar nuestra comprensión de estas muertes? En relación con algunos de los incidentes más espectaculares -el asesinato de Kennedy, o el accidente aéreo en el que murió el presidente de Pakistán Zia ulHaq en 1988- es poco lo que éstos han añadido a la suma de conocimientos que poseemos. La muerte del héroe de la liberación de Cabo Verde y Guinea, Amilcar Cabral en Conakry en 1973, fue atribuida en ese momento a las fuerzas portuguesas, pero algunos sospechan ahora que fue obra de elementos del régimen anfitrión suyo de Guinea.
Según un grupo de analistas de la historia política, la muerte de Jorge Eliécer Gaitán se puede explicar por el complejo juego de poderes y contrapoderes que dieron origen a la Guerra Fría.
Un rayo de luz

Pero sobre otros asesinatos y muertes, durante los cuarenta años de congelación global, han sido reveladas nuevas informaciones:

- Dag Hammarskjold, el secretario general de las Naciones Unidas murió el 18 de septiembre de 1961 en el Congo en un avión que se estrelló y que no fue derribado a tiros, como resultado de los intentos de unos agentes belgas -que se proponían separar Katanga del Congo- por obligar al avión a aterrizar a la fuerza (tal como lo informó Matthew Hughes en la London Review of Books).

- El secuestro y asesinato del líder socialista marroquí Mehdi Ben Barka en París en octubre de 1965 -cuando preparaba con los cubanos y los vietnamitas el lanzamiento de la Organización Tricontinental en La Habana- han sido con frecuencia atribuidos a la CIA y la Mossad, pero parece que él fue víctima del jefe de seguridad de Marruecos Mohamed Oufkir (muerto a su vez en un golpe frustrado contra el rey Hasán II).
 
- Georgi Markov -el disidente búlgaro con un profundo conocimiento interno del círculo que rodeaba al veterano dictador Todor Zhivkov, que se convirtió en periodista de la BBC en Londres y que fue herido con un paraguas envenenado en el puente de Waterloo en 1978- fue asesinado por un italiano bajo contrato del servicio de inteligencia búlgaro (tal como lo reveló Sunday Times).

- Haile Selassie, el viejo emperador etíope, fue visto por última vez cuando unos oficiales revolucionarios lo metían a la fuerza en un Volkswagen en 1974: ahora se sabe que su sucesor como jefe de estado, Mengistu HaileMariam, hizo que lo mataran en cautiverio y que su cuerpo fuera enterrado debajo del baño del palacio donde vivía el dictador militar.

Una cosecha de dolor

La biografía de Mao TseTung, por Jung Chang y mi hermano Jon Halliday, contiene fascinantes y macabras informaciones sobre la muerte de tres de los más importantes opositores de Mao en el liderazgo del partido comunista chino: Lin Pio, Liu Shaochi y Peng Tehuai.

Liu y Peng, opositores de los planes políticos y económicos más grandiosos de Mao, fueron arrestados, torturados, y murieron en la miseria y la oscuridad; mientras Mao vivió, sus muertes le fueron ocultadas al pueblo chino. Lin, en cierto momento el suceso escogido por Mao, trató de huir a la URSS después de un golpe de estado que fracasó; su prisa al usar un jet Trident sin suficiente combustible fue la causa de que se estrellara en Mongolia.*

Ocho años después, las grabaciones de las comunicaciones radiales chinas hechas por la agencia nacional de seguridad de los Estados Unidos durante la masacre de Tiananmen, en junio de 1989, indican que la situación era aún más confusa de lo que parecía en ese momento, y que el ejército chino tenía un claro plan deliberado para matar a los estudiantes que protestaban en la plaza central de Beijing.

A mediados de la década del 70 se inició un periodo de negociaciones entre las potencias de la Guerra Fría conocido como la "distensión". Pero también fue un momento en que los daños colaterales de muertes violentas (por lo menos en ese momento sin explicación) impactaron profundamente a todos los personajes activos en las polémicas políticas de ese periodo:

- Orlando Letelier, el ex ministro chileno de relaciones, exiliado por el gobierno de Pinochet y director del Institute for Policy Studies de Washington (para quien yo trabajaba en ese momento) murió a causa de una bomba en su automóvil junto con su colega Ronni Moffitt, en septiembre de 1976; su asesinato fue obra de la policía secreta chilena (Dina) y extremistas derechistas cubanos y norteamericanos.
- David Holden, corresponsal en el Medio Oriente de Sunday Times, murió en circunstancias aún no explicadas en El Cairo en septiembre de 1977; la investigación de un año de su periódico concluyó: "Por cada posible explicación había buenas razones que demostraban que ese no era el caso".

- Malcom Caldwell, profesor de estudios del sureste asiático en el Soas de Londres, fue asesinado en Phnom Penh en diciembre de 1978, en vísperas a la invasión vietnamita de Camboya.

- Ruth First, erudita y escritora marxista surafricana, murió en Maputo a causa de un paquete bomba enviado por los servicios de seguridad de Pretoria, en 1982.

Al menos veinte operaciones contra Fidel Castro habría iniciado el gobierno de los Estados Unidos en el periodo posterior a la década del sesenta.
Una puerta al futuro

La medida en que estas muertes y asesinatos alteraron el curso de la Guerra Fría es debatible. Puede que no se sepan nunca los datos completos sobre algunos de estos asesinatos. También puede suceder que los incidentes con efectos a largo plazo no siempre sean los más espectaculares:

- Mir Akbar Khyber, un comunista afgano, murió en abril de 1978 durante una manifestación en Kabul; pocas personas pueden haber notado, o recuerdan ahora, este incidente, pero fue la chispa que motivó la toma del poder comunista unos pocos días después.

- Nur Muhammad Taraki, líder comunista afgano, fue asfixiado por su siniestro rival, Hafizullah Amín, en octubre de 1979; este incidente persuadió al ya senil Leonid Brezhnev a ordenar la invasión soviética de Afganistán en la que el mismo Amín murió. y que provocó la campaña militante jihadi de los años ochenta.

- Abdullah Azzam, líder palestino islamista, murió junto con sus dos hijos por una bomba en su automóvil en Pakistán, en 1989; de nuevo, pocos se dieron cuenta en ese momento, pero Azzam (y no su protegido de ese entonces, Osama ben Laden) controlaba las fuerzas jihadistas que habían combatido en Afganistán y al mismo tiempo se oponía a la extensión de la guerra islamista a otros blancos en el mundo no islámico. Organizara o no Azzam el crimen, el hecho fue que su muerte le dio el liderazgo a Osama ben Laden, y abrió así la puerta al 11 de septiembre de 2001 y a todo lo que ha seguido después.


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